SAN PEDRO TOMÁS, OBISPO. O.Carm.

Fiesta litúrgica, 8 de enero

 


Nació en el Perigord meridional (Francia) alrededor de 1305. A la edad de veinte años entró en la Orden del Carmen. Habiendo ejercido el oficio de Procurador General de la Orden ante la Curia pontificia en Aviñón y después de predicador apostólico, fue nombrado en 1354 obispo de Patti y Lípari.

Desempeñó las funciones de legado pontificio ante reyes y emperadores del tiempo con el objetivo de consolidar la paz y promover la unión con las Iglesias Orientales. Trasladado a otras sedes: Corón (Peloponeso) como legado pontificio en Oriente (1363) y finalmente (1364) como patriarca latino de Constantinopla. Sus esfuerzos en favor de la unidad de la Iglesia hacen de este santo del siglo XIV un precursor del ecumenismo. Murió en Famagusta (Chipre) en 1366.                                                                                                                          

(Cf. Ocarm org.)



Pintura de Francisco de Zurbarán

Francisco de Zurbarán (fallecido en 1598) pintó a San Pedro Tomás con una iconografía poco convencional. Zurbarán fue un pintor del barroco español y sus obras se caracterizan por un naturalismo caravaggesco y el uso de contrastes extremos de luz y oscuridad para realzar el efecto dramático. Zurbarán destacó por sus temas religiosos. Además de San Pedro Tomás, también pintó a San Cirilo de Constantinopla.

Según el historiador carmelita Joachim Smet, el maestro español debió de conocer la biografía de Philippe de Mézières, contemporáneo del santo. A Pedro Tomás se le ve con el sombrero que llevaba en sus constantes viajes, vistiendo el hábito de humilde fraile carmelita a pesar de su dignidad patriarcal, y recitando su breviario, que nunca descuidaba ni en tierra ni en mar.

Todos estos detalles fueron cuidadosamente señalados por Philippe, su devoto amigo. El cuadro (representado en la página web de San Pedro Tomás dentro del sitio ocarm.org) cuelga hora en el Museo de Bellas Artes de Boston, Massachusetts.

(Cf. Ocarm org.)

 

SEGUNDA LECTURA DEL 0FICIO DIVINO

De la vida de san Pedro Tomás, escrita por Felipe de Mézières, su canciller.                                                                                          (Ed. J. Smet. Institutum Carmelitanum, Roma, 1954; cap. VI, pp. 142143, 149150. 154).

Últimos días del patriarca en la tierra.

 En llegando la fiesta de Navidad, mi padre celebraba él mismo los divinos oficios; en la Nochebuena marchó ya muy de noche, del cenobio de los carmelitas donde se hospedaba, al templo de Famagusta a cantar solemnemente los maitines. Celebró tres misas cantadas, pero se le apoderó el frío; porque, macerado con los ayunos y vigilias, padecía ahogamiento, y no se abrigaba con otros vestidos que los de verano, alegando los ejemplos de los santos padres que vivían en las soledades. Los días siguientes celebró misa diaria procurando ocultar su enfermedad. El martes, se apoderó de él fiebre alta. Hizo confesión general y particular, y luego exhortó afablemente a los religiosos. Vuelto hacia la cruz, la adoraba, y la besaba y, con las manos juntas, pedía perdón devotísimamente a los familiares, arrancando de todos, copiosas lágrimas. «Hermanos míos –dijo– y amigos, cuántos trabajos y peligros habéis pasado en mi servicio; habéis soportado hambre, sed, frío, accidentes y tribulaciones; nunca os he distinguido con honores ni os he pagado con los premios que merecisteis; y, sin embargo, vosotros habéis tolerado amorosamente a mi persona y mis costumbres. Cuántas veces os puse en peligro de la vida. ¿Cómo podría yo pagaros? ¡Perdonadme, perdonadme!». Entonces pidió que se le llevara el sacratísimo Cuerpo del Señor, y comulgó con toda reverencia y con fe sincera. Pasado aquel día, a la hora sexta de la noche, suplicó que viniera el obispo Laudinense, vicario de la diócesis de Famagusta con todo el clero de la catedral y que, revestido de las vestiduras pontificales, le administrara la Santa Unción. Entre tanto, llamó a sus religiosos y, tomando las insignias pontificales, como olvidado de su enfermedad, registró con su propia mano el oficio de la Unción; hallada la página, antes de que llegara el obispo vicario, se tumbó sobre un saco en el suelo en tranquila espera del obispo. Cuando lo oyó llegar con todo el clero, en voz alta, como si estuviera sano, comenzó a rezar los salmos penitenciales, exclamando: «¡Oh Señor!, no me castigues con ira»; y, respondiendo todos, llegó hasta la mitad de los salmos. Pero, faltándole las fuerzas físicas, aunque con plena lucidez mental, hizo señal con la mano de que el obispo vicario uniera su voz a la propia, y, de esta manera, prosiguió hasta el fin. Entonces su obispo vicario le administró la unción, respondiendo él a todas las fórmulas rituales y procurando esconder la tosca túnica y el escapulario que cubrían con inmediato contacto su cuerpo. Terminado el rito de la Unción, mi padre recitó devotísimamente el “Confiteor” y recibió la absolución del obispo; al cual de nuevo, lo mismo que al Clero, a la familia y a todos los demás pidió humildemente perdón, por cuanto los hubiere molestado en el ejercicio de su cargo. Les mandó también que pidiesen perdón, por cuanto los hubiera importunado en Chipre o en cualquiera otra parte a todos, en su nombre. Finalmente, el día seis de enero del año de nuestra redención mil trescientos sesenta y seis, entregó el alma a Dios su creador.

Responsorio. Vida, 151 s R/. No necesito médicos temporales, porque tengo conmigo a Jesucristo, médico espiritual, quien ya me ha sanado; * A él quiero, con él me basta. V/. Él es quien me rige y me sostiene, en él confío; a él amo y, fuera de él, nada quiero. * A él quiero, con él me basta.

Oración Señor, Dios nuestro, que infundiste en tu obispo san Pedro Tomás la fuerza de tu Espíritu para promover la paz y la unidad de los cristianos; concédenos que, por su intercesión, guardemos íntegro el don de la fe y busquemos el vínculo de la paz verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo.



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