Beato Fra Angélico: “La Anunciación”

SALUDO DEL ÁNGEL GABRIEL A MARÍA:

“ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA”

 

El “Dios te Salve, María, llena eres de gracia” que rezamos de continuo en el rosario es la traducción de la Biblia latina, la Vulgata, de San Jerónimo, que dice asi: “Ave, María, gratia plena”.

Hoy día, los libros litúrgicos de la Iglesia  católica y casi todas las Biblias, traducen el saludo del ángel del texto griego de los evangelios : “Jaire  kejaritomene”, al español, así: “Alégrate, llena de gracia”.

 

Acontinuación ponemos el texto de la Anunciación del Angel a María según San  Lucas 1, 26-3:

26 En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». 29 Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31 Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». 34 Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». 35 El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. 36 También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, 37 porque para Dios nada hay imposible»38 María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)

_______

1 28 “Alégrate” más bien que “Salve”. Llamada al júbilo mesiánico, eco de la llamada de los profetas a la Hija de Sión, y como ésta, motivada por la venida de Dios entre su pueblo; cf.  Is 12 6; So 3 14-15; Jl 2 21-27; Za 2 14; 9 9.---“llena de gracia”,   lit. “tú que has estado y sigues estando llena de favor divino”.---Adic.: “Bendita tú entre las mujeres”, por influencia de 1 42.

1 33 Las palabras del ángel se inspiran en varios pasajes mesiánicos del A.T.

(Cf Notas de la Biblia de Jerusalén)

José Candelario Peralbo Ranchal, O.Carm


Cf Bibliografía

El “Avemaría” en español: lo que decimos… y lo que deberíamos decir

Carlos Alonso Vargas


Tal como se reza en español la oración católica del Avemaría, hablándole siempre a María en segunda persona, consta primeramente de la expresión de un deseo o petición indirecta a Dios: “Dios te salve, María”. Luego vienen cuatro afirmaciones: (1) “llena eres de gracia”; (2) “el Señor es contigo”; (3) “bendita tú eres entre todas las mujeres”, y (4) “y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. Finalmente viene la petición de intercesión: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.” Eso es lo que decimos.

El Avemaría consta de dos partes: la primera es la parte “bíblica”, que en las líneas que siguen comentaré más en detalle, y que como oración se usaba ya, esencialmente, más o menos a partir del siglo V, y para el siglo XI ya estaba fijada en la piedad cristiana. La segunda — la petición de intercesión — es la que podríamos llamar la parte “eclesial” o peculiarmente católica, fijada por el papa san Pío V en 1568 (es por ello notoria su ausencia en la versión de esta oración usada por la Iglesia de Oriente, previa al cisma de 1054, así como en la forma usada por algunos anglicanos y luteranos). De esta segunda parte no tengo ningún comentario, por lo cual este artículo se concentra en la parte bíblica de la oración.

La porción bíblica de la oración es una combinación de dos versículos del capítulo 1 de San Lucas. En una traducción literal de ambos versículos observamos que el versículo 28 dice que el ángel Gabriel, «entrando, le dijo: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!”» En el versículo 42, cuando María llega a casa de su parienta Isabel, esta última, «exclamando a gran voz, dijo: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”» Tanto Gabriel como Isabel lo que hacen es saludar a María, y al saludarla la elogian diciendo cosas grandiosas sobre ella, pero esos elogios mantienen forma de exclamación y de saludo, no de una simple afirmación o enunciado. La parte bíblica de la oración es entonces la conjunción de dos saludos que recibe María. Podemos resumir diciendo que se trata de un saludo honorífico y elogioso dirigido a ella. Ese sentido de saludo se transmite también en la oración en latín de la cual proviene la versión castellana, y que transcribo aquí en su forma completa, es decir, incluyendo la segunda parte:

Ave Maria, gratiā plena,

Dominus tecum.

Benedicta tu in mulieribus,

et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta Maria, Mater Dei,

ora pro nobis peccatoribus

nunc et in horā mortis nostrae. Amen.

La forma latina es relativamente familiar para el público católico hispanohablante, puesto que se la suele oír cantada en algunas celebraciones. En ella se puede notar que en toda la primera parte no hay un solo verbo conjugado. No se dice *tu es gratiā plena, ni *Dominus tecum est, ni *Benedicta es tu in mulieribus, ni *benedictus est fructus. Se conserva la forma sintáctica del texto original griego, en que estas palabras son más bien como títulos, epítetos o elogios exclamativos. Así, por ejemplo, lo de “llena de gracia” es en griego una sola palabra, kejaritoménē (sobre la cual se podría discurrir muchísimo pero no viene al caso aquí): por eso insisto en que es un título o epíteto con el que el ángel Gabriel se dirige a ella; es como si fuera su nombre. (De hecho el texto bíblico, a diferencia de la oración que usamos, no contiene el nombre “María”, ni tampoco al final “Jesús”.)

Ahora bien — y en esto quiero extenderme primero un poco, pues es lo que sustenta la principal de mis conclusiones — , la palabra inicial latina, Ave, es precisamente un saludo. No es el saludo cotidiano en latín, que es más bien salvē (plural salvēte ‘que estés/estén bien’), sino un saludo de honor. Sin duda algunos de los lectores conocerán el tradicional saludo de los gladiadores al Emperador: Ave, Caesar, morituri te salutant! (¡Ave, César, los que van a morir te saludan!). Se usaba ese saludo para dirigirse a alguien de importancia. En este caso, y como figura ya en la Vulgata latina, se emplea ave para traducir, en Lc 1:28, una palabra griega que se podría transcribir como khaire o jaire (la primera letra suena como nuestra jota española en “jarro”). Esa palabra significa literalmente “alégrate” o “gózate”, aunque es a la vez la palabra normal para saludar a alguien (todavía se emplea con ese sentido, aunque con una pronunciación levemente diferente, en griego moderno). Si suponemos que el ángel le habló a María en hebreo o en arameo, es posible que haya empleado el saludo normal de shalom o ‘paz’ (así lo he visto, por cierto, en una traducción del Nuevo Testamento al hebreo, hecha en el siglo XX); pero puede ser también que le dijera propiamente alégrate o regocíjate, como le dice Dios a Sion por medio del profeta Zacarías (Zac 9:9). Y el hecho es que los cristianos ortodoxos, en su propia versión del Avemaría, siguen interpretando esta palabra como “alégrate”; por ejemplo en ruso la oración comienza así: “Alégrate (ráduysia), Virgen Madre de Dios, María llena de gracia…”

Este último punto expresa un concepto que algunos exégetas católicos han desarrollado, y es que el ángel no está simplemente saludando a María de modo informal (como si dijera “Hola, María”), sino que, como mensajero de Dios, viene a anunciarle a ella el gozo mesiánico: a ella, que es por excelencia “la hija de Sion”, la mujer por medio de la cual esa era mesiánica de gozo y salvación se introduce en la historia de la humanidad. Ese anuncio de la alegría mesiánica no queda bien reflejado siquiera en el latín Ave.

Pero Ave retiene, al menos, el sentido de saludo, y saludo de honor. Ello se recoge también en las versiones del Avemaría en algunos idiomas modernos: en inglés, Hail, Mary (“¡Salud, María!”); en francés, Je vous salue, Marie (“Yo os saludo, María”); en alemán Gegrüsset seist du, Maria (lit. “sé saludada, María”). En italiano y en portugués se ha mantenido la forma latina: Ave, Maria.

Y es ahí donde resulta notorio lo absurda que es la forma española, “Dios te salve, María”. Eso no es un saludo. Es, como dije al principio del artículo, la expresión de un deseo o de una oración indirecta a Dios. Es como cuando le decimos a alguien: “Dios te acompañe” o “Dios te bendiga”; le estamos pidiendo indirectamente a Dios que acompañe o que bendiga a esa persona, o le estamos deseando a esa persona la compañía o la bendición de Dios. Así, en el Avemaría le estamos deseando a María… ¡que Dios la salve!

No sé cuándo se originó la versión castellana del Avemaría; mi especulación que creo plausible es que no fue en la Edad Media — cuando quizás todavía se rezaba en latín aunque se hablara en romance — sino hacia el siglo XV o XVI, precisamente cuando ya se hablaba el castellano básicamente moderno y cuando el Papa aprobó la forma latina que conocemos. (De esa época probablemente provenga también la redacción arcaizante “el Señor es contigo”, que resulta extraña en nuestra lengua actual donde lo natural es decir “el Señor está contigo”.) Pienso también que es probable que en un principio el Ave latino se tradujera al castellano por Salve, pero que, al ser esta una palabra que no se entendía por sí sola (aunque fuera válida como expresión formal de saludo), la gente la desarrollara en la forma “Dios te salve” que terminó imponiéndose.

Pero resulta que esa forma “Dios te salve” no solo es pésima como traducción del latín ave y del griego jaire, sino que, como decíamos antes, más que un saludo es, por su forma, un deseo o petición: “que Dios te salve”. Y resulta que en este caso, dicho deseo se expresa con respecto a quien menos lo necesita, ya que los católicos creemos que la Virgen María, al ser “llena de gracia”, ya ha recibido en toda su plenitud la salvación de Dios. Pedirle a Dios una y otra vez que por favor salve a María resulta, pues, superfluo, si no incluso contradictorio con lo que supuestamente creemos y, por lo tanto, incoherente con la fe… o falto de ella.

Antes de pasar a mis dos breves propuestas de “lo que deberíamos decir” en el Avemaría, hay dos puntos que quisiera señalar, que irán en abono de las propuestas. El primer punto es que casi todas las versiones bíblicas católicas de la actualidad traducen el jaire angélico de Lc 1:28 por “Alégrate”. Así lo vemos en la Biblia oficial de la Conferencia Episcopal Española (2010), en la “Biblia de Jerusalén”, en la “Biblia del Peregrino” o “Biblia de Nuestro Pueblo”, en la versión argentina llamada “Libro del Pueblo de Dios”, en la Biblia Cantera-Iglesias y en la llamada “Biblia Latinoamericana”. La Nácar-Colunga y la de Straubinger, que son de la década de 1940, traducen “Salve”, cosa que también hacen la versión protestante de Reina-Valera y la versión ecuménica “Dios Habla Hoy”, mientras que la protestante Nueva Versión Internacional traduce “Te saludo”. Cabe señalar que todas esas Biblias son traducidas directamente de las lenguas originales (en el caso del Nuevo Testamento, el griego). Una versión católica más antigua, la de Petisco-Torres Amat, que es traducida a partir de la Vulgata latina, pone aquí “Dios te salve”, aparentemente “rindiéndose” a la forma tradicional de la oración.

El segundo punto es que en la versión castellana aprobada de la Liturgia de las Horas, el “responsorio breve” de las segundas vísperas del Oficio Común de Santa María Virgen incluye esta antífona que es traducción de la “parte bíblica” del Avemaría: “Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.” Esa traducción no solo acierta al usar el “alégrate” sino que presenta toda esa porción del Avemaría en forma de saludo-exclamación, en vez de la “serie de afirmaciones” que solemos rezar.

Primera propuesta: Cómo traducir el saludo Jaire/Ave

Pienso que el Avemaría en español debería comenzar diciendo, no “Dios te salve, María”, sino “Alégrate, María”. Ya he fundamentado bastante este argumento, pero podría resumirlo en dos razones: (a) “Alégrate” traduce correctamente la palabra griega jaire, cosa que se pierde en la versión tradicional; y (b) “Alégrate” es claramente un saludo, el saludo del ángel, en vez de ser la expresión de un deseo u oración indirecta que en el caso de María resulta superflua.

Si decir “Alégrate” resulta demasiado “revolucionario” para oídos de algunos, o si por alguna otra razón es difícil de aceptar, entonces hagamos lo que hacen los hablantes de italiano y portugués y comencemos la oración diciendo: “Ave, María”. Una tercera opción sería decir “Salve”, que también es válido lingüísticamente (y que, de todas maneras, también sería aplicable a la antífona que conocemos como “la Salve”, el Salve, Regina, donde es igual de absurdo decir — y por dos veces — “Dios te salve”). Pero, por favor, dejemos de decir “Dios te salve”.

Segunda propuesta: Cómo construir el resto de la porción bíblica

Pienso, en segundo lugar, que las cuatro frases bíblicas que siguen al saludo inicial deberíamos, por fidelidad al texto bíblico y al sentido general de la oración, redactarlas en forma de saludo/elogio/exclamación y no de “serie de afirmaciones”. Es decir, seguiríamos la redacción de la citada antífona que está en la Liturgia de las Horas.

Conclusión: Qué deberíamos decir

En conclusión, esta es la forma que propongo que usemos para rezar el Avemaría en español (es, en todo caso, la que uso yo desde hace muchos años):

¡Alégrate, María, llena de gracia,

el Señor está contigo!

¡Bendita tú entre las mujeres,

y bendito el fruto de tu vientre, Jesús!

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.




 

 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog