BODAS DE ORO SACERDOTALES Y PROFESIÓN DE FE

Padre José Candelario Peralbo Ranchal el día de sus Bodas de Oro Sacerdotales

Durante la Cuaresma Profesaron su fe en esta Iglesia de Nuestra Señora de Begoña, unos 45 hermanos de la 4ªComunidad del Camino Neocatecumenal.

Fueron recitando el Credo de nuestra fe, frase por frase, al tiempo que iban dando razón de su fe, explicando por qué creían.

A este rito se le conoce en el Camino Neocatecumenal con el nombre de “Redditio Symboli”.

Hoy me toca a mí hacer Profesión de esa misma fe en esta celebración.

Queridos, Don Francisco Javier Cuevas Ibáñez, Vicario Episcopal, Padre Francisco Daza Valverde, Prior Provincial de los Carmelitas de la Bética, Hermanos Sacerdotes: P. Pablo Herrasti, P. Antonio Ruiz, P. Ramón Cózar, P. José Ramírez, D. Juan Miguel Ferrer, D. Ciprián García, D. Jorge López, D. Juan Antonio, Diácono permanente, querida familia de sangre, queridos feligreses, amigos y hermanos presentes en esta celebración Eucarística.

Yo, doy gracias a Dios Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, porque me ha regalado la vida a través de mis padres, Juan e Isabel, a quienes doy también las gracias, porque colaboraron con Dios para que yo naciera en Pedroche (Córdoba), en casa de mi abuelo, Alfonso Ranchal Pizarro, el padre de mi madre.

Llegar a celebrar estos 50 años de vida sacerdotal es obra gratuita del amor de Dios, cuya fidelidad es eterna y por ello me invita a cantar sus misericordias.

El acontecimiento más importante de mi vida fue la Ordenación de Sacerdote en la Iglesia de nuestro Colegio Carmelita de San Andrés, de Salamanca, el día 25 de abril de 1965, festividad de San Marcos.

Fuimos nueve los Religiosos Carmelitas que recibimos la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Federico Melendro Gutiérrez, Arzobispo jesuita de Anking (Sinis), expulsado de China.

Cuatro religiosos pertenecían a la Provincia de Aragón y Valencia: Ismael Fos Santamaría, Víctor Baquedano Martín, Santos Zamora Saracho y Marino Artó Berges.

Cuatro religiosos pertenecían a la Provincia Bética: Manuel Conde Pérez, José Candelario Peralbo Ranchal, Alfonso Moreno González y Miguel García Román.

Un religioso pertenecía a la Provincia de Castilla: Esteban Martín García.

La celebración de la ordenación sacerdotal, en el templo de nuestro Colegio de San Andrés, fue solemnísima. Lo mismo cabe decir de la comida de acción de gracias y de los adornos de la Iglesia y el comedor.

El 25 de abril del año 1965, festividad de San Marcos, fue un día que imprimió carácter en nuestras vidas.

Uno de los recuerdos más gratos y emotivos que tengo de los tres años vividos en el colegio Carmelita de San Andrés de Salamanca es el del canto gregoriano. Todos los Domingos y días Festivos cantábamos en gregoriano durante las celebraciones de la Eucaristía y de Vísperas. Resultaba emocionante y solemne, cantar al unísono en un coro de unos 50 jóvenes.

De los 9 religiosos que nos ordenamos, 4 eran de la Provincia Arago-Valentina, 1 de la Provincia de Castilla y 4 de la Provincia Bética, de Andalucía. Actualmente, de aquellos 9 Religiosos, tres ya murieron, tres abandonaron la Orden del Carmen y tres aun permanecemos en ella: P. Manuel Conde Pérez, P. Alfonso Moreno González y un servidor, P. José Candelario Peralbo Ranchal. Los tres pertenecemos a la Provincia Carmelita de la Bética, Andalucía.

Una curiosidad: con 398 años de diferencia, nos ordenamos de Sacerdotes en el mismo Colegio de San Andrés de Salamanca donde residió San Juan de la Cruz y recibió la ordenación Sacerdotal en 1567.

Volviendo a mis orígenes, os diré que mi madre tuvo 8 hijos, cinco de ellos murieron cuando eran lactantes. Hasta hace poco sobrevivíamos tres: Antonio, Francisca y José. El año 1911 murió mi hermana Francisca en Caudete (Albacete). Yo fui el último en nacer, y fue en la madrugada del dos de febrero de 1939. Mi padre se encontraba, con motivo de la guerra, en las trincheras de un pueblo de Córdoba, llamado Valsequillo. Mi madre me decía que ese día llovía a cántaros y no pudo venir la partera, sólo le acompañaba su hermana Anita. Una vez que mi madre me dio a luz, le dijo a su hermana Ana: ¡Levanta la manta, no se vaya ahogar el niño! A lo que su hermana respondió:

- ¡A mi me da miedo! Entonces, mi madre levantó la manta con los pies y así pudo respirar sin dificultad el niño. Providencialmente yo nací el 2 de febrero, día de la Candelaria y me bautizaron más tarde con el nombre de José Candelario. José, por mi abuela Josefa, (la Peralba) porque estaba casada con mi abuelo, Antonio Peralbo, y Candelario, por ser ese día, la fiesta de la Virgen de la Candelaria. El hogar en el que nací era muy pobre. Mi padre no tenía un trabajo fijo sino ocasional, cuando le salía. Tanto mi hermano como yo, trabajamos guardando ganado ajeno, durante un tiempo, y yendo a la escuela durante otro tiempo. El ambiente religioso era bueno. En casa se bendecía la mesa y se practicaban algunas oraciones.

De pequeño visité las ferias de Torrecampo (Córdoba), en el Santuario de la Virgen de Veredas, y las del Guijo (Córdoba), en el Santuario de la Virgen de las Cruces. Con motivo de estas fiestas solía ir con mi tío Pedro, el confitero, a vender algunos dulces a estos santuarios. En varias ocasiones me invitó para que lo acompañara. Yo era entonces un niño de 9 o 10 años y era feliz yendo con mi tío Pedro. Salíamos de casa a las 5 de la mañana en un borriquillo y recorríamos unos quince Km, hasta llegar a dichos Santuarios a vender los dulces. Yo cuidaba del puesto de dulces, al tiempo que disfrutaba contemplando una naturaleza exuberante en la que dominaba la arboleda y el agua.

Buscando trabajo en Almadén (Ciudad Real).

En otra ocasión acompañé a mi padre, montado en un borrico, con dirección a Almadén, buscando trabajo. Salimos de casa muy temprano, aun no se veía. Yo tendría por entonces unos 10 años. Este viaje fue más largo que los anteriores. Pasamos por el Guijo y después seguimos hasta llegar a Almadén. Allí dimos unas cuantas vueltas por el pueblo. Mi padre, buscando trabajo, habló con algunos señores. Después de almorzar nos vinimos para Pedroche. Como el trayecto era largo, se nos hizo de noche. No pudimos llegar hasta el Guijo, que está a 8 Km. de Pedroche. Nos paramos en pleno campo, en una noche cerrada, completamente obscura. Mi padre ató el burro a una encina, le quitó los aparejos, los puso en el suelo y me dijo que me acostara allí. Él hizo una candela para ahuyentar a los lobos. Al día siguiente reanudamos la marcha hasta llegar a Pedroche.

En casa solíamos asistir a la Misa temprana. El ambiente religioso era bueno. En casa se bendecía la mesa y se practicaban algunas oraciones. En este ambiente surgió mi vocación. Cuando me preguntaban si quería ser fraile, yo asentía con mi corazón, pero me encontraba que en mi casa no se disponía de medios para costear mi estancia en un Seminario.

Pero Dios, que es el gran proveedor, suscitó a los Frailes Carmelitas de Hinojosa del Duque para que yo entrara en el Seminario. Estos frailes, decía la gente, no cobran nada. Bastaba con que uno tuviese vocación para ser admitido, y así fue cómo marchamos al Seminario de Hinojosa del Duque tres niños entre 10 y 12 años, llamados Antonio Cano Moya, José Peralbo Ranchal y Pedro Rivas Romero.

Pero, antes de salir de casa y montarme en el coche de Don Adriano Morales Manosalbas, un joven sacerdote de Pedroche que hacía dos años había cantado Misa, mi madre me tomó de la mano y me llevó a solas a una habitación de la casa. Me dijo: niño, ponte de rodillas en ese asiento, y acto seguido me echó la bendición.   A continuación, previa la despedida, salimos a la calle y me monté en el coche de D. Adriano junto con Pedro y Antonio y salimos para Hinojosa del Duque que está a unos 35 Km. de Pedroche, mi pueblo.

Esto fue un 14 de julio de 1951. Por aquellos días en el Seminario Carmelita de Hinojosa del Duque se respiraba un ambiente festivo y mariano.

Los jóvenes estaban muy contentos porque estábamos en vísperas de celebrar la fiesta de Nuestra Madre, el 16 de julio, Solemnidad de la Virgen del Carmen.

En el Seminario Carmelita de Hinojosa pasé cinco años haciendo el Bachiller, recibiendo una formación religiosa y mariana, alternando las clases con el deporte y viviendo una experiencia sana y alegre.

Durante el curso 1956-57 hice el Noviciado, en Jerez de la Frontera. El año de Noviciado es un año en el que, aprendes muchas cosas sobre la vida Religiosa, te equivocas mucho y te ríes más con tus compañeros de Noviciado. De los 8 Novicios que empezamos, sólo se salió uno. El resto hicimos la Profesión Religiosa, consagrándonos a Dios mediante los votos de pobreza, castidad y obediencia, tratando así de configurarnos con Cristo, pobre, casto y obediente.

Durante los Ejercicios Espirituales, previos a la Profesión Religiosa, yo consulté al sacerdote que impartía las charlas y le dije que eso de emitir o hacer los votos era muy difícil de cumplir, que yo no me sentía con fuerzas para ello. Él me exhortó a confiar en el Señor, que yo no caminaría sólo, que el Señor me acompañaría siempre y que su misericordia es infinita. Y así ha sido hasta el día de hoy, cayendo y levantándome, el Señor ha tenido siempre misericordia de mí, reconociendo que, como ser humano, soy pecador, pero que el amor de Dios y su perdón ha sido más grande que mis pecados. En este sentido creo en el Señor Jesucristo.

Terminado el Noviciado hice los estudios Superiores de Filosofía, en Hinojosa y de Teología en Granada y Salamanca.

Durante mis etapas de formación he sido un estudiante normal, alegre, amante de la Vida Religiosa y del deporte, en general. Por entonces, yo de joven corría mucho y en el equipo del Seminario me ponían de extremo derecho con el número 7.

Como deportista de futbol recuerdo con satisfacción que en un partido en el que tenía enfrente al Padre Luis Ruano y su equipo, después de ir perdiendo por 2-1, remontamos el resultado, gracias a que yo colé dos goles olímpicos por el tiro de dos “corner” y otro por una falta directa. El resultado fue de, 4-2 a nuestro favor. Esto lo refiero como curiosidad y quizás también con un poco de vanidad.

 

En dos ocasiones estuve en peligro de perder la vida: una vez en un río y en otra ocasión en el mar.

La primera vez fue, en un día de expansión. Nos estábamos bañando  en un río; entonces yo no sabía nadar y estaba con el agua hasta la cintura, pero mi sorpresa fue que, a medida que avanzaba hacia la orilla me encontré con arenas movedizas por las que cada vez me hundía más. Como dice el Profeta Ezequiel, el agua pasó de la cintura hasta el cuello, y aunque no me cubría el agua, sin embargo, en el esfuerzo por querer salir, cada vez me hundía más. Con el agua hasta el cuello me paré, me tranquilicé y mirando a mi alrededor, vi unas ramas de adelfa que, con mucho cuidado, pude alcanzar y de este modo salí de aquel peligro.

La otra ocasión sucedió en una excursión que hicimos a Portugal. Nos bañamos en el Atlántico, yo sabía nadar, pero ese día había resaca en el mar. En mi empeño por querer salir pronto, me ocurría que, cada vez me adentraba más en el mar. Usé la misma táctica de la otra vez: pararme y avanzar poquito a poco. Y de esta manera conseguí salir sano y salvo.

Por todo esto doy gracias a Dios Padre y a Jesucristo, su Hijo que me salvó de la muerte, que fue providente conmigo, que me iluminó por obra del Espíritu Santo y me conservó la vida.

DESTINOS

Una vez que recibí la ordenación sacerdotal, los superiores me destinaron al Seminario de Hinojosa del Duque como formador, durante un año. Después a la parroquia del Santísimo Cristo de la Esperanza de Madrid. Durante dos años, alterné el ejercicio pastoral de la parroquia con el estudio de Teología en la Universidad de Comillas en orden a sacar la licencia. Los tres años siguientes ejercí de Párroco.

Tras una breve estancia de cuatro meses, en nuestro Colegio de Tomelloso, fui destinado a Colombia, con vistas a la nueva fundación de una Parroquia en Medellín.

Antes de la fundación de Medellín estuve unos cuatro meses en el Colegio Carmelitano de Pamplona, Colombia. También esta experiencia, aunque fue de poco tiempo, resultó muy enriquecedora.

En este Colegio, la mayoría de los alumnos eran internos. Los Carmelitas dirigían el Colegio, daban clases y se encargaban de la disciplina. Como anécdota: (disco “píntame angelitos negros”) recuerdo que, a la hora de acostarse los niños, les poníamos música para que les viniera pronto el sueño. Un negrito me decía: ¡Padre! ponga el disco de… “píntame angelitos negros”.

El P. Jaime Serrano, colombiano, y un servidor, inauguramos la nueva Parroquia de Santa María del Carmen, en el Barrio 12 de Octubre de Medellín, en la ladera del Picacho, en el mes de octubre de 1972. Vivíamos en una casita muy pequeña, sin apenas revocar o enlucir, con techo de uralita, con una habitación para dos camas, otro espacio que servía de cocina-comedor y un tercer lugar que era un pequeño patio al aire libre.

La convivencia con los “paisas” como cariñosamente se les llama a los habitantes de Medellín fue muy enriquecedora. Nuestro Barrio se estaba construyendo. En aquel entonces contaba con unos 6.000 habitantes. Todas las casitas eran iguales que la nuestra, muy sencillas, igual que la gente. Como medio de subsistencia, nosotros dábamos algunas clases en dos Colegios.

En el centro de la ciudad de Medellín vivían las Carmelitas Misioneras del Padre Palau. Nos hicieron una visita, y nos regalaron una casulla, estola y cíngulo para decir Misa. Así que ésta que hoy estreno es la 2ª que me regalan. La próxima semana estrenaré la tercera, obsequio de las Monjas Carmelitas de Aracena. Las Carmelitas Misioneras de Medellín visitaron nuestro barrio y quedaron encantadas. A los pocos meses compraron una casita en nuestro barrio y se vinieron a vivir entre los pobres. Igual les ocurrió a las Religiosas de la Enseñanza de Santa Juana de Lestonnac.

Algunos casos anecdóticos de aquellos años: Un día vino a casa la viejecita, señora Enriqueta, y nos contó que se había encontrado con unos turistas que estaban paseando por nuestro barrio y le preguntaron: ¡Señora, ¿en esta Parroquia no hay Iglesia? A lo que ella les contestó, sí señor, hay Iglesia y la formamos todos los cristianos del Barrio, lo que no tiene esta Parroquia es templo. Muy buena respuesta, le dije yo, y se quedó tan feliz y contenta.

En otra ocasión se presentó en nuestra casa Doña Enriqueta con una cesta y nos dijo: el otro día estuve con Francisco, mi esposo, en el pueblo de El Peñol, y nos acordamos de nuestros sacerdotes. Para Padre Jaime y Padre José les traemos un cariñito. Y sacando dos piñas del cesto nos las entregó para que las tomásemos en su nombre. Estas son algunas de las anécdotas que aún recuerdo con cariño y gratitud.

El año 1975 volví a España y estuve de nuevo en el Seminario Carmelita de Hinojosa del Duque. A los dos años me mandaron a nuestro Colegio de Tomelloso donde estuve durante un curso. De aquí, en 1978, los Superiores me destinaron a la Parroquia de Begoña donde me sentí muy bien acogido y trabajé con gusto hasta 1984 que me destinaron a la Casa de Córdoba donde estuve durante un curso.

Los Superiores de la Región Ibérica decidieron hacer un Noviciado Interprovincial en Caudete (Albacete) y en representación de la Provincia Bética me mandaron a mí. Aquí estuve hasta septiembre de 1990 que se cerró la Casa Noviciado.

Mi destino siguiente fue la casa de Sevilla. Aquí me nombraron ecónomo de la Comunidad, maestro del primer novicio africano, llamado, Eugenio Kaboré y más tarde, Delegado de las Monjas Carmelitas de la Bética y Asistente Religioso de la Federación “Mater et Decor Carmeli”. Visité todos los Monasterios Carmelitas de nuestra Provincia, me sentí muy a gusto con ellas y aprendí a verlas como dice Santa Teresa: “Encerradas, peleamos por Dios”.

                                                                                                                               En el Capítulo de 1993 me eligieron Prior Provincial de los Carmelitas de la Bética y en el Capítulo siguiente, en 1996 me reeligieron de nuevo. Viajé a Venezuela y visité nuestras Comunidades. Viajé mucho por razón del cargo, a Italia, Francia, Portugal, Zimbawe, Burkina Faso. Caigo en la cuenta de que este cargo me ha regalado una familia numerosa y que mis atenciones y servicios se han multiplicado. Puedo decir como San Pablo: “¡Quien sufre sin que yo sufra, quien se alegra sin que yo me alegre!”. Pasar de ser responsable de una Comunidad de cinco o seis Religiosos a recibir la responsabilidad de 80, es muy fuerte. Gracias a Dios, el Señor ha ido siempre por delante proveyendo en todo momento.

La experiencia que tuve cuando visité África fue también muy enriquecedora. Aquí parece que el tiempo se detiene. Convocas a una reunión y te viene más gente de la que esperabas. Celebras una Eucaristía y se convierte en una verdadera exultación de cantos, lecturas, peticiones y oraciones. Cuando se celebra un gran acontecimiento, como una ordenación sacerdotal, a la que yo tuve la dicha de asistir, la alegría se desborda. Tuvimos tres horas de celebración.

Destinado a Jerez, me asignan el oficio de Maestro de Novicios: cursos 1999-2008

Del tiempo de Noviciado aprendí que, si bien es cierto que el Novicio debe recibir una formación religiosa y ser iniciado en dicha vida, importa mucho que viva alegre, que coma bien y duerma mejor. 

En el año 2008 me destinaron a esta casa de Begoña para hacerme cargo de la Parroquia y aquí estoy hoy celebrando los 50 años de mi Ordenación Sacerdotal.

Por último, quiero hacer memoria de mis padres, Juan e Isabel, que contribuyeron con Dios para darme la vida.

Mi padre murió en 1961 de cáncer de colon y según me contaron mi madre y mi hermana Francisca, murió como un santo, deseando unirse a Dios, el Padre eterno, al que contemplaba en su gloria.

Mi madre también murió santamente el 18 de febrero de 1982 y aún recuerdo con gran alegría y satisfacción la Misa solemne que se le dijo en este Templo de Begoña, un mes después de su muerte.

Que el Señor Jesús, que es el mejor pagador, os lo pague. Mi abuela Josefa, por quien llevo el nombre de José, me enseñó a decir, no solamente gracias, sino a terminar con esta otra frase: Que el Señor, que es el mejor pagador, os lo pague.

José Candelario Peralbo Ranchal, Orden Carmelita

Madrid, 26 de abril de 2015

 


 Familia Ranchal del Padre José Candelario Peralbo Ranchal

 

 

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